Cuando terminan las actualizaciones de software, los dispositivos inteligentes deberían abrirse, no tirarse

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Una petición a los reguladores que apoyaríamos encantados: cuando un fabricante deja de ofrecer actualizaciones de software para un dispositivo, debería estar obligado a publicar lo que la comunidad de código abierto necesita para mantenerlo con vida. No como gesto benéfico, no a petición, sino por defecto.

Dicho de forma sencilla: las instrucciones, el código fuente y las claves que permiten que alguien que no sea el fabricante instale software nuevo y seguro en un móvil o un reloj que el fabricante ya ha dado por perdido.

Primera prueba: el Samsung Galaxy S10

Fíjate en el Samsung Galaxy S10. Salió en 2019. En la primavera de 2023 desapareció de la lista de actualizaciones de Samsung, y en marzo de 2024 ya le habían seguido las últimas variantes del S10. El hardware sigue siendo excelente: un Snapdragon 855 (o Exynos 9820), de 6 a 8 GB de RAM, una pantalla AMOLED nítida, lector de huellas, una cámara decente, NFC, IP68. Para navegar por la web hoy en día, para la mensajería, la banca, los mapas y la mayoría de las tareas cotidianas, sigue siendo mucho más capaz de lo que el usuario medio necesita en realidad.

¿Qué impide que un S10 de 2019 sea hoy el móvil principal de alguien? No es el chip. Es el fin de las actualizaciones de seguridad. Y, para el usuario decidido, el esfuerzo de instalar un sistema creado por la comunidad (LineageOS, /e/OS), buscar las piezas correctas del software del fabricante y apañárselas con las funciones propias del fabricante que dejen de funcionar.

Y no estamos teorizando: usamos un S10 todos los días, años después de su última actualización oficial, gracias a LineageOS. Hace todo lo que tiene que hacer un móvil, con parches de seguridad de Android al día que aporta la comunidad. Lo único que le faltó siempre fue permiso para seguir adelante.

Multiplica eso por cada móvil, tableta y reloj inteligente cuyo fabricante ya ha pasado al siguiente modelo, y la imagen se vuelve nítida: toneladas de hardware perfectamente capaz que acaban en el contenedor de reciclaje porque lo dice el calendario del fabricante, no porque se haya roto nada.

Qué debería significar «abrir» en concreto

Una norma de apertura al fin de las actualizaciones que sirva de algo tendría que ser concreta. En el momento en que un fabricante declare que un dispositivo deja de recibir actualizaciones, tendría que publicar:

  • Cómo desbloquear el dispositivo para otro software (el «bootloader», o gestor de arranque) de forma segura, sin convertirlo en un ladrillo
  • El código fuente del núcleo del sistema (el «kernel») exactamente tal como funciona en ese dispositivo
  • Las pequeñas piezas de software del fabricante (los «drivers» y el «firmware») que se comunican con la cámara, el módem, los sensores y las radios
  • Documentación del hardware suficiente para que los desarrolladores de la comunidad puedan escribir sustitutos cuando las licencias impidan publicarlo directamente
  • Las claves que el dispositivo necesita para aceptar un sistema creado por la comunidad, o una forma documentada de que los propietarios instalen las suyas propias

Buena parte de esto ya existe a medias con algunos fabricantes, a veces y con trabas. La propuesta es convertirlo en lo normal: en cuanto la empresa deja de dedicarle sus propios ingenieros, la puerta se abre.

Por qué esto no va a pasar por voluntad propia

El incentivo económico hacia la obsolescencia forzada está bien documentado. Un móvil que dura diez años es un móvil que el cliente no ha cambiado en ocho. Los fabricantes lo saben. El argumento que dan en público (seguridad, complejidad, coste del soporte) es real. También lo es el que no dan en público: vender un móvil nuevo cada tres años es un negocio mucho mejor que venderlo cada diez.

Dejados a su aire, los fabricantes han avanzado despacio. Los que más publican lo tratan como una operación de imagen, no como una política. Los que menos publican tratan la pregunta como un asunto confidencial.

Hay excepciones que merece la pena nombrar. Fairphone dio soporte a su Fairphone 2 durante más de siete años, y cuando por fin dejó de actualizarlo en marzo de 2023, remitió a sus propietarios a sistemas de la comunidad como /e/OS y LineageOS en lugar de al contenedor de reciclaje. Su actual Fairphone 6 tiene actualizaciones prometidas hasta al menos 2033, y desbloquearlo para otro software está admitido oficialmente. O sea, que se puede hacer. Donde no ocurre, es una decisión de negocio, no un límite técnico.

La palanca regulatoria

La UE ya ha demostrado que está dispuesta a intervenir. Desde el 20 de junio de 2025, las nuevas normas del Reglamento europeo de diseño ecológico para smartphones y tabletas obligan a los fabricantes a seguir ofreciendo actualizaciones del sistema operativo durante al menos cinco años después de que un modelo deje de venderse, y a tener piezas de recambio durante siete. Antes llegaron el paquete del derecho a reparar, la obligación del USB-C y las cláusulas de portabilidad de datos del RGPD. En ninguna de esas ideas habría movido ficha la industria sin presión desde fuera.

Cinco años es un avance real. Y también marca justo el momento del que trata esta propuesta. La UE ya define cuándo puede terminar el soporte. Lo que todavía no dice es qué pasa después con el dispositivo. Una norma de «publicación tras el fin del soporte» encaja en el mismo patrón:

  • Un desencadenante definido. El fin del soporte de actualizaciones anunciado por el fabricante.
  • Una entrega definida. Los elementos de arriba, en un formato estandarizado.
  • Un plazo definido. Como máximo X meses después del desencadenante.
  • Un cumplimiento proporcionado. Sanciones que les duelan a los peores infractores, con excepciones razonables cuando el código o los diseños estén realmente licenciados por terceros.

La norma no acabaría con la propiedad intelectual. No obligaría a abrir código que siga en desarrollo. Solo se aplicaría al hardware que la propia empresa ha declarado terminado. El coste recae, de forma abrumadora, sobre la ficción comercial de que «el soporte continúa».

La sostenibilidad, en cifras concretas

Los residuos electrónicos son uno de los flujos de residuos que más rápido crecen en el mundo. El Global E-waste Monitor 2024 contabilizó la cifra récord de 62 millones de toneladas en 2022, y de ellas menos de una cuarta parte (22,3 %) consta como recogida y reciclada correctamente.

En un móvil, la mayor parte del daño ya está hecha antes de que lo enciendas por primera vez: alrededor del 72 % de su huella climática procede de fabricarlo, transportarlo y desecharlo, no de cargarlo. Por eso es tan importante conservar los dispositivos más tiempo. La Oficina Europea de Medio Ambiente (EEB) calcula que usar todos los smartphones, portátiles, lavadoras y aspiradoras de la UE solo un año más ahorraría unos 4 millones de toneladas de CO2 al año de aquí a 2030. Es como retirar 2 millones de coches de la carretera.

Una regulación así no resolvería todos los problemas de sostenibilidad del sector. Lo que sí haría es sacar del circuito de desechos una buena parte de hardware perfectamente capaz y devolverlo a manos de gente que quiere seguir usándolo. Ese es todo el objetivo.

Qué puedes hacer tú

  • Vota con tu compra. Elige fabricantes que dejen desbloquear sus dispositivos sin trabas, publiquen pronto el código fuente de su kernel y se lleven bien con sistemas de la comunidad como LineageOS, GrapheneOS o Mobian.
  • Apoya a las organizaciones que de verdad se sientan a la mesa en las consultas: la FSFE, EDRi, el Open Rights Group y la coalición Right to Repair Europe.
  • Cuando la UE abra consultas sobre durabilidad o derecho a reparar (y las abre, con regularidad), envía tu opinión. Las asociaciones del sector siempre lo hacen; los ciudadanos de a pie, muchas veces no.
  • Mantén vivos los dispositivos antiguos con sistemas de la comunidad. Flotas enteras de dispositivos «obsoletos» que siguen funcionando demuestran que la demanda existe.
  • Cuida la batería. Suele ser la primera pieza que se desgasta, y muchas veces el motivo por el que se sustituye un dispositivo en perfecto estado. Mantenerla más o menos entre el 20 % y el 80 % y lejos del calor frena bastante ese desgaste (Battery University explica por qué). Para relojes inteligentes estamos trabajando en Batty, una pequeña app de Wear OS que te avisa en el momento justo. Pronto te contaremos más.

En una frase

Fin de las actualizaciones debería significar apertura por defecto. No «si lo pides por favor». No «si los abogados dicen que no hay problema». Por defecto.

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